La historia nos cuenta que fue un día caluroso y húmedo en Filadelfia, Pensilvania, el 4 de julio de 1776. El Congreso Continental, sudando por la humedad y sin duda por el hecho de estar cometiendo traición, había votado dos días antes para aprobar una propuesta de la colonia de Virginia que marcaba la separación del país madre, Inglaterra, una especie de Colexit, como se decía en aquel momento. Fue tarea del Congreso decidir el futuro de las colonias: quedarse con Inglaterra o emprender su independencia. El mes anterior, el Congreso había formado un comité para crear un documento que enumeraría los males del rey Jorge III, con el fin de justificar la separación. Este comité incluía a uno de los representantes de Virginia, Thomas Jefferson. Jefferson, quien tenía 33 años en ese momento, tardó 17 días en redactar la Declaración, un documento que sirvió como plan maestro para una nueva nación. Las colonias que se convertirían en Estados Unidos de América estaban en guerra contra el rey Jorge durante más de 440 días cuando la Declaración fue formalmente adoptada el 4 de julio por 12 de las 13 colonias, Nueva York la aprobó el 19 de julio. Aunque la mayoría de nosotros piensa que fue firmada el 4 de julio, en realidad fue firmada el 2 de agosto. A continuación, algunos hechos sobre la Declaración. La frase más citada: ‘Sostenemos estas verdades como evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad’. La promesa: a continuación se presenta una copia del documento que definió la mayor revolución de la historia moderna. La Declaración de Independencia: EN CONGRESO, 4 de julio de 1776. La declaración unánime de los trece Estados Unidos de América. Cuando en el curso de los eventos humanos, se vuelve necesario para un pueblo disolver los lazos políticos que los han conectado con otro, y asumir entre los poderes de la tierra, la estación separada y igual a la que los leyes de la Naturaleza y de la Naturaleza Divina les otorgan, un respeto decente a las opiniones de la humanidad exige que declaren las causas que los impulsan a la separación. Sostenemos estas verdades como evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. –Que para garantizar estos derechos, los gobiernos se establecen entre los hombres, derivando su poder justo del consentimiento de los gobernados, –Que en cualquier forma de gobierno que se vuelva destructiva de estos fines, es el derecho del pueblo alterar o abolirlo, e instituir un nuevo gobierno, estableciendo sus principios en tales fundamentos y organizando sus poderes en tal forma, como les parezca más probable que efectúe su seguridad y felicidad. La prudencia, en efecto, dictará que los gobiernos establecidos durante mucho tiempo no se cambien por causas ligeras y pasajeras; y por tanto, toda la experiencia ha mostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males son soportables, que a rectificarse abolindo las formas a las que están acostumbrados. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, siempre persiguiendo el mismo objeto, evidencia un diseño para reducirlos bajo una tiranía absoluta, es su derecho, es su deber, arrojar tal gobierno y proporcionar nuevas guardias para su seguridad futura. –Así ha sido la paciente suficiencia de estas colonias; y así es ahora la necesidad que los obliga a alterar sus anteriores sistemas de gobierno. La historia del rey actual de Gran Bretaña es la historia de repetidos daños y usurpaciones, todas con el objeto directo de establecer una tiranía absoluta sobre estos estados. Para demostrar esto, se presentarán hechos a un mundo candido.
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