SEATTLE – Investigadores de la Universidad de Washington han publicado un estudio que examina el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales entre adolescentes. La investigación, publicada en el prestigioso Journal of the American Medical Association (JAMA), analizó los hábitos de uso de dispositivos móviles en jóvenes de entre 13 y 18 años.
El estudio reveló que, en promedio, los adolescentes dedican poco más de una hora a sus teléfonos inteligentes durante las horas de clase. La investigación se centró en evaluar el impacto de estos dispositivos en la participación en las tareas escolares y en el rendimiento académico general. Los hallazgos indican que la mayor parte del tiempo que los adolescentes pasan en sus teléfonos se destina a aplicaciones de redes sociales, destacando Instagram, TikTok y Snapchat como las más populares.
Un aspecto relevante del estudio es la correlación observada entre los ingresos familiares anuales y el uso de teléfonos inteligentes. Los adolescentes de entre 16 y 18 años provenientes de hogares con menores ingresos tienden a utilizar sus teléfonos con mayor frecuencia que sus compañeros.
El Dr. Dimitri Christakis, autor principal del artículo y profesor de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, comentó: “Estas aplicaciones están diseñadas para generar dependencia. Distraen a los estudiantes de la participación activa en clase y dificultan el desarrollo de habilidades sociales con compañeros y profesores”.
El Dr. Jason Nagata, coautor y profesor asociado de pediatría en la Universidad de California San Francisco, enfatizó que este estudio va más allá de las autoevaluaciones sobre el uso excesivo de teléfonos inteligentes, ofreciendo un análisis del comportamiento real. “Los adolescentes a menudo subestiman el tiempo que pasan frente a la pantalla. Los datos objetivos recopilados de los teléfonos inteligentes nos proporcionan una imagen más precisa de su uso”, afirmó Nagata.
El estudio señala que al menos 32 estados y el Distrito de Columbia han comenzado a implementar políticas para prohibir o restringir el uso de teléfonos celulares en las escuelas. No obstante, el Dr. Christakis considera que estas medidas son insuficientes. “Su aplicación ha sido inconsistente, si es que se ha aplicado. Creo que Estados Unidos debe considerar las implicaciones generacionales de limitar las oportunidades de aprendizaje en el entorno escolar”, señaló.
Los resultados de esta investigación probablemente influirán en el debate sobre el uso de teléfonos inteligentes en las escuelas, a medida que educadores y responsables de la política buscan estrategias para mantener a los estudiantes enfocados en sus estudios y reducir la distracción causada por los dispositivos.
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