La Cuenca del Ebro enfrenta una situación de sequía extrema, con los embalses registrando niveles mínimos históricos. Según datos oficiales de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), la capacidad media de los embalses se sitúa en el 32%, superando con creces los umbrales de alerta establecidos. Esta situación, agravada por la escasa precipitación acumulada en los últimos meses, está generando preocupación entre agricultores, autoridades y la población en general.
La escasez de agua ya está afectando a diversos sectores, especialmente a la agricultura, principal motor económico de la región. Los regadíos se ven limitados, lo que pone en riesgo las cosechas de cultivos como el arroz, el algodón y los frutales. Además, se han implementado restricciones en el consumo para uso doméstico y industrial, con el objetivo de preservar los recursos hídricos disponibles.
Expertos advierten que la situación podría empeorar si no se producen lluvias significativas en las próximas semanas. Se están evaluando medidas adicionales para gestionar la sequía, incluyendo la optimización del uso del agua y la búsqueda de fuentes alternativas. La CHE ha intensificado la campaña de concienciación sobre el uso responsable del agua, instando a la población a adoptar medidas de ahorro y a evitar el despilfarro. Las autoridades instan a la colaboración de todos los sectores para afrontar esta crisis hídrica y mitigar sus efectos.
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