ISSAQUAH, Wash. – Superar un divorcio es un desafío que deja profundas huellas emocionales. Julianna Bryant lo comprende perfectamente, pues vivió esa experiencia en 2019. ‘Pasé por un divorcio muy difícil y, durante ese proceso, me sentía completamente aislada, sin amigas ni conexión real’, contó en una entrevista.
Antes del divorcio, Bryant no tenía una vida social fuera de su matrimonio. Al buscar nuevas conexiones, descubrió que las opciones disponibles no se ajustaban a sus necesidades. ‘Todo era de género mixto o se celebraba en espacios religiosos, y ninguno de esos lugares era lo que necesitaba en ese momento’, explicó.
Las caminatas solitarias se convirtieron en su escape, pero el anhelo por verdaderas amistades persistía. ‘Solo quería sentarme con alguien que entendiera lo que estaba viviendo’, expresó.
Bryant decidió crear el Club de Guerreras Divorciadas, un espacio donde mujeres con experiencias similares puedan encontrar apoyo mutuo. ‘Ha sido emocionante ver cómo se forman amistades profundas. Esa era la meta, y lo logramos’, afirmó.
Las reuniones incluyen paseos, festivales de tulipanes, talleres de fusión de vidrio y otras actividades que traen alegría. ‘Estamos construyendo una comunidad donde las mujeres se sienten comprendidas’, destacó.
Años después de su divorcio, Bryant considera que su vida ha alcanzado un nuevo equilibrio. ‘Es un capítulo nuevo, desordenado y difícil, pero también lleno de alegría y crecimiento’, concluyó.
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