Tras el accidente que dejó a la esquiadora olímpica Lindsey Vonn en una situación crítica, muchos se preguntan cuál fue la condición que pudo llevar a la amputación de su pierna: el síndrome de compartimento. La Academia Americana de Cirugía Ortopédica lo define como una ‘condición dolorosa que ocurre cuando la presión dentro de los músculos alcanza niveles peligrosos’. Esta patología interfiere con el flujo sanguíneo, privando a los nervios y músculos de nutrientes y oxígeno. Este síndrome se divide en dos variantes: aguda y crónica. La forma aguda, típica tras una lesión grave, es una emergencia médica. Si no se trata a tiempo, puede causar daño irreversible a los músculos. Según el Instituto Cleveland Clinic, el 10% de quienes sufren una fractura de tibia desarrollan esta condición. La forma crónica, asociada al esfuerzo deportivo, suele gestionarse con descanso y no representa una urgencia inmediata. Los compartimentos son grupos de nervios, músculos y vasos sanguíneos cubiertos por la fascia, una membrana rígida. Cuando hay hinchazón o sangrado, la presión aumenta, interrumpiendo el fluño sanguíneo y dañando las células. En casos agudos, la cirugía es necesaria para aliviar la presión. Para la forma crónica, las opciones incluyen modificar técnicas o cambiar de superficies. En ambos casos, el tratamiento quirúrgico implica cortar la fascia para reducir la presión.
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